In Business Trends & Strategy, Eco-political analysis

Lo bueno 

Expansión económica de base amplia

El crecimiento en la economía global está volviendo a surgir y América Latina se ha montado a cuestas de esta ola.  Ha pasado más de una década desde que América Latina disfrutó de condiciones económicas externas tan positivas como las actuales, principalmente provocadas por i) un crecimiento cercano al máximo en los Estados Unidos, Europa y China; ii) una inflación y tasas de interés que continúan bajas; y iii) la recuperación en el precio de los recursos. Pero una tormenta tan perfecta no puede durar para siempre, de modo que los inversionistas ahora le están apostando a América Latina. La revista Global Finance predice que los niveles de inversión extranjera directa (IED) para el 2018 en todos los seis principales mercados de América Latina crecerán en términos nominales y también como porcentaje del producto interno bruto (PIB).

Tal como muestra el gráfico abajo, la confianza de los inversionistas entre los líderes empresariales latinoamericanos ha vuelto a niveles que no se habían alcanzado desde el año cumbre de 2012. Su optimismo se basa no sólo en las condiciones favorables a nivel global, sino también en el arduo trabajo que han tenido que hacer sus empresas desde que cayó el precio de los recursos en 2013-2014, destrozando las monedas latinas y exponiendo la vulnerabilidad de su deuda corporativa, gran parte de ella denominada en dólares. La difícil reestructuración de empresas multilatinas incluyó bancarrotas récord en Brasil, el sector corporativo más dinámico de la región, pero gracias al resurgimiento de las bolsas, también pagó dividendos que ayudaron a financiar la expansión corporativa.

Los consumidores latinoamericanos tuvieron que llevar a cabo su propia reestructuración, pagando niveles récord de deuda con minoristas y en tarjetas de crédito, lo que ayudó a alimentar un furor por el consumismo durante el auge que se observó en los recursos durante el periodo de 2004 a 2013. El crédito al consumo ha reanudado su tendencia de crecimiento y deberá ir cobrando cada vez más fuerza en algunos mercados latinoamericanos en los que los bancos centrales tienen la libertad de bajar las tasas de interés.


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Democracia digital 

Mucho menos impresionante ha sido la respuesta de los gobiernos latinoamericanos al reto de la recesión. La caída en el precio de los recursos no tardó en hacer mella en los ingresos fiscales en 2015, pero solamente un puñado de gobiernos estuvo cerca de igualar la valentía de los líderes corporativos latinos en lo que respecta a la reducción de costos. La mayoría de los gobiernos generaron déficits mayores de los que podían costear. Cuando finalmente tomaron medidas para reducir costos, los electores se enojaron y, armados con teléfonos inteligentes y redes sociales, le dieron rienda suelta un nivel de escrutinio del gasto público nunca antes presenciado en América Latina. Se expusieron escándalos de corrupción en Brasil, México, Colombia, Argentina, Perú, Ecuador, Bolivia, la República Dominicana, Panamá y otros países. El mapa político en América Latina ha cambiado en los últimos dos años, en gran parte debido a la intolerancia de la corrupción y el nepotismo por parte del electorado. Pese a la mejora que se ha observado en la economía en lo que va de este año, los electores siguen enojados, lo que se ha visto reflejado en niveles históricamente bajos de aprobación presidencial en cada uno de los principales mercados.

Las elecciones de 2018 en Brasil, México y Colombia provocarán una transformación, dado que, conforme a la constitución de cada uno de estos países, no se podrá reelegir a ninguno de sus actuales líderes. Esta incertidumbre inquieta a los inversionistas y, de hecho, 2018 podría producir algunos resultados electorales desagradables con la victoria de populistas como Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México y de diversos candidatos de Brasil, incluida la izquierdista Marina Silva y Bolsonaro (a quien se ha equiparado con Trump), quienes actualmente encabezan las encuestas.


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Sin embargo, sí vemos un lado positivo en lo que deberá convertirse en un cambio tectónico en la democracia en la mayoría de los países de América Latina. Los electores latinoamericanos tienen más años (y, por lo tanto, son más sabios) que nunca antes y, gracias a las redes sociales, también están mejor informados. Si bien las redes sociales pueden decontarse como canales de noticias falsas en los mercados mediáticos maduros, en América Latina, las redes sociales llenan brechas vitales en un panorama mediático que sigue dependiendo de los intereses corporativos y gubernamentales, y/o que está mal equipado para llevar a cabo investigaciones periodísticas robustas que caracterizan al denominado “quinto estado”. Un electorado mejor informado y más avezado puso a Macri en el poder y luego castigó a los peronistas en las elecciones parciales de Argentina; le negó a Evo Morales un cuarto periodo en Bolivia; evadió a Rafael Correa cuando regresó a Ecuador insinuando un golpe de estado; aplaudió (y, por lo tanto, protegió) a un valiente poder judicial en Brasil; eligió a Pedro Pablo Kuczynski (PPK), un tecnócrata probado y comprobado en Perú, por encima de una Keiko voluble; y trajo a un Piñera más centrista (en comparación con su primer mandato) de vuelta al poder en Chile.

Un electorado empoderado e informado es un ingrediente esencial de una América Latina democrática que sea capaz de elegir líderes pragmáticos y honestos de manera sistemática. Para quienes han analizado la región durante décadas, los recientes acontecimientos ofrecen un rayo de esperanza de que algunas naciones en América Latina están en camino a construir un poder judicial independiente, un logro que ha eludido a la región desde que los autores de sus respectivas constituciones las redactaron por primera vez.

Lo malo 

Populismo 

Aunque el estado de derecho y el liderazgo de los constitucionalistas bien podrían tener la marea del cambio a su favor, los populistas no se rendirán sin pelear. Un ejemplo de esto es el caso de Keiko Fujimori, quien utilizó eficazmente la mayoría que detenta su partido en el Congreso y, según algunas especulaciones, también empleó técnicas de contrainteligencia para avergonzar al gobierno de PPK al exponer el comportamiento descarrilado de dos miembros del gabinete, luego bloqueó los presupuestos y finalmente se las arregló para casi impugnar al presidente. PPK se salvó de la destitución por votos disidentes dentro del partido fujimorista Fuerza Popular, que con toda probabilidad fueron para negociar la liberación de Alberto Fujimori, el ex presidente deshonrado que se encontraba preso. El congresista Kenji Fujimori, hermano de Keiko, dirigió a la facción disidente en una toma moderna del palacio legislativo, demostrando así cómo los populistas también pueden ganar en esta era de ultratransparencia.

Los resultados de la encuesta realizada por Latinbarómetro en 2017 mostraron un creciente cinismo entre los electores en casi todas las jurisdicciones latinoamericanas. El enojo del electorado no se centra específicamente en los presidentes, sino que se extiende a toda la esfera política que ellos consideran como la responsable de la corrupción y el mal gobierno que plaga a sus países. Un sentimiento de “corran a esos holgazanes” sirve de terreno fértil para el resurgimiento de líderes populistas. Brasil y México pondrán esto a prueba en las elecciones de 2018. En Brasil, Jair Bolsonaro trae el estilo de un hombre fuerte a la contienda electoral y ha subido de posición en las encuestas sobre la base de una campaña antitodo. Carece de claridad en materia de política económica, comercial y exterior, pero es claro como el agua en su desdén por la corrupción, el derroche del gobierno y la inseguridad, tres problemáticas que motivan a los electores brasileños. Algunos tienen la esperanza de que el mensaje de gobierno pequeño de Bolsonaro se traduzca en políticas de mínima interferencia en los ámbitos del comercio y la inversión, pero lo más probable es que su política de ira se convierta en un proteccionismo de tipo “primero Brasil” de la que dependen muchos líderes del sector privado brasileño para mantener la prosperidad de sus negocios.


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El veredicto del 24 de enero de 2018 dictado por el tribunal de apelaciones de Porto Alegre para prolongar la sentencia del ex presidente Lula de 9.5 a 12 años efectivamente eliminó de las elecciones presidenciales al candidato de mayor popularidad en las encuestas. Aunque el Partido dos Trabalhadores (PT) [Partido de los Trabajadores] anunció desafiante que Lula encabezará la candidatura del partido, algunos votantes del PT votarán por otro partido, ya sea para que se cuente su voto o porque el candidato alternativo más probable del PT, Fernand Haddad, no los inspira. Quizás la que está en la mejor posición para ganarse esos votos desviados es Marina Silva, ex Senadora del PT y Ministra de Medio Ambiente durante el mandato de Lula. A diferencia de muchos de los asociados con el Partido de los Trabajadores, Marina Silva (aún) no está manchada por acusaciones de corrupción. Su imagen limpia y el hecho de que ella es la única candidata femenina, combinado con un posible aumento en el voto del PT, podría colocarla a la cabeza de las encuestas en los próximos meses. Marina Silva no es populista como Bolsonaro, pero ideológicamente es de izquierda, se opone a la ya tan postergada reforma del sistema de pensiones de Brasil y está reñida con la poderosa agroindustria brasileña debido a sus políticas ecologistas. Afiliada hoy con el pequeño partido Rede limita el financiamiento del gobierno y la obligará a asociarse con otros partidos para gobernar, lo cual podría moderar sus políticas. En cualquier caso, tanto Marina Silva como Jair Bolsonaro son motivo de preocupación para los inversionistas extranjeros.

En términos más generales, el camino fluido e incierto que queda delante de la campaña presidencial brasileña inquieta a todos los inversionistas. Una facción del Congreso de Brasil ahora quiere revocar Lei Ficha Limpa [la ficha limpia] que les prohíbe postularse para una candidatura a todos los políticos acusados ​​de algún delito. La posición de Haddad como candidato sustituto de Lula para el PT está en tela de juicio, ya que hay otros candidatos que están compitiendo por la vacante. El Partido da Social Democracia Brasileira (PSDB) [Partido de la Social Democracia Brasileña] aún no ha nombrado a su candidato, y luego tenemos a Luciano Huck, la legendaria estrella telegénica de Rede Globo TV con un millón de fans, que sigue buscando un partido político al cual colgarle su fama. Cada semana trae nuevas revelaciones y nuevas personalidades a la contienda presidencial de Brasil. Los optimistas esperan que un proceso de racionalización elimine las voces más controversiales. Sin embargo, como lo demostraron las primarias republicanas de 2016 en los Estados Unidos, un populista puede ganar una contienda totalmente abierta.

Proteccionismo 

Hace treinta años, la élite política y empresarial de México ideó una estrategia para adoptar la globalización y la disciplina económica neoliberal. Posteriormente, se firmaron acuerdos de libre comercio con 45 países, los cuales representan más del 70% del comercio global. Este cambio audaz llevó a México a la quiebra y destruyó el sector industrial doméstico, pero también marcó el comienzo de oleadas de inversión extranjera que modernizaron la economía mexicana.

Desde Carlos Salinas de Gortari hasta Enrique Peña Nieto, México ha mantenido una política a favor del libre comercio. Eso podría cambiar pronto. Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha perdido dos contiendas electorales previas para la presidencia del país. Tiene una vasta experiencia en campañas electorales y se ha posicionado hábilmente como el candidato anti-Trump, prometiendo “enfrentarse al ‘bully’ estadounidense”, un mensaje que resuena con los mexicanos de todos niveles sociales. Los asesores más cercanos de AMLO provienen de dos orígenes distintos: por una parte, tenemos a académicos izquierdistas con un sesgo antiyanqui fomentado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y, por la otra, tenemos a dinosaurios ex priistas que dominan la corrupción a tal grado que la han convertido en un arte. El mayor patrocinador financiero de AMLO es Carlos Slim, el séptimo hombre más rico del mundo y el principal accionista de más de 200 compañías, la mayoría de las cuales se beneficiarían de una menor competencia extranjera en su mercado doméstico, México. En vista del camino que han tomado las negociaciones del TLCAN, lo indignados que se sienten los electores mexicanos, y el dinero y los consejos que respaldan a AMLO, es difícil imaginar que México vaya a mantener su postura inamovible a favor de la globalización. Con respecto al tema de la globalización, podría parecer que Washington, guiado por Trump, es el que está gritando más fuerte que ahí viene el lobo, pero lo más probable es que México tome la delantera en la construcción de muros comerciales para dejar fuera a su vecino del norte. Si una oleada de proteccionismo va a envolver a México, necesitará un catalizador en la forma de un conflictivo colapso del TLCAN, el principal evento con potencial de “cisne negro” de la región.

Lo feo 

Revocación del TLCAN

Aproximadamente el 50% de las cláusulas del TLCAN se han renegociado y eliminado. Sin embargo, las más polémicas siguen sin resolverse, incluidos los mínimos de contenido proveniente de América del Norte y de sólo los Estados Unidos para la industria automotriz, productos lácteos y agricultura, paneles de controversias, adquisiciones gubernamentales, comercio electrónico transfronterizo y una cláusula de extinción de 5 años de vigencia que daría por terminado el acuerdo a menos que los tres países lo volvieran a ratificar. El Departamento de Comercio de Estados Unidos parece estar jugando a la gallina, tratando de forzar la aprobación de lo que muchos consideran como propuestas irrazonables, con la amenaza constante de hacer valer una carta de cancelación firmada por el presidente Trump. Algunos especulan que los estadounidenses están tratando de sacudir a los canadienses y los mexicanos para sacarlos de su postura inicial de “aferrarse al status quo“, pero que en última instancia quieren mantener el acuerdo del TLCAN.

Las tácticas estadounidenses, a pesar de lo crudas que a veces parecen ser, están logrando su cometido. Con la intención de llegar a un arreglo, el equipo canadiense ya ha puesto sobre la mesa propuestas para el contenido mínimo en el comercio de automóviles y la cláusula de extinción. Para Canadá, no hay marcha atrás en el TLCAN y los dos partidos políticos principales (liberales y conservadores) están unidos en su deseo de mantener vivo el TLCAN, casi a cualquier costo.


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Para México, un acuerdo plagado de concesiones sería una sentencia de muerte para el Partido Revolucionario Institucional (PRI), actualmente en poder en las próximas elecciones de julio de 2018, y le regalaría la presidencia a AMLO, un prospecto que aterroriza a muchas élites mexicanas. La firma de un acuerdo del TLCAN que se percibiera como perjudicial para México representaría un cáliz de veneno para el PRI que podría ensombrecer el futuro político del partido durante muchos años por venir. Un final desfavorable en las pláticas del TLCAN cercano a las elecciones de julio provocará una devaluación de más del 20% en el peso y también generará enojo entre los electores. Para México, es una situación de la que, sin importar por dónde se vea, el PRI saldría perdiendo.

Una Reserva Federal agresiva

Las monedas latinoamericanas son muy sensibles a los movimientos en la política de tasas de interés del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos. Hoy en día, el mercado prevé tres movimientos al alza de 25 puntos base cada uno por parte de la Reserva Federal, el primero de los cuales se anunciará en la sesión de marzo de 2018. El nuevo líder de la Reserva Federal claramente no es ni paloma ni halcón, sino algo en algún punto intermedio entre estos dos. Lo que es más importante, la Reserva Federal es una institución muy igualitaria en la que cuenta la voz de todos los miembros con derecho a voto. La Reserva Federal casi siempre se atiene a su misión de enfocarse en la inflación. Y muchas señales apuntan a una inflación salarial en los Estados Unidos, combinada  con el debilitamiento del dólar y un aumento en el precio de materias primas como fuerzas que impulsarán a la inflación subyacente a un nivel más alto y con mayor rapidez de los que actualmente pronostican los observadores de la Reserva Federal. La fuerza laboral disponible en los Estados Unidos se ha ido encogiendo a medida que la generación de la posguerra (baby-boomers) se ha ido jubilando. Sin un influjo masivo de inmigrantes, pronto se acelerarán los aumentos salariales, especialmente a nivel del sector de servicios poco calificados, donde la tecnología dirigida a mejorar la productividad tiene un menor impacto.

Si la inflación subyacente salta a 3%, la Reserva Federal tendrá que acelerar sus planes para elevar las tasas de interés y 2018 podría ser testigo de un salto del 1% o incluso del 1.25% en la tasa de la Reserva Federal, que podría devaluar las monedas latinoamericanas por un 5-10%.

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