In Payments

En 2018, América Latina gastó aproximadamente $1,7 miles de millones de dólares en efectivo en tiendas físicas, lo cual representa el 81% del gasto minorista total, en comparación con un 25% en Estados Unidos y un 18% en China. El World Cash Report 2018 –publicado por G4S Cash Solutions y Payments Advisory Group– reporta que en América Latina, el promedio anual de transacciones con tarjeta per capita es más de tres veces inferior al promedio mundial (véase la figura 2 a continuación). Incluso entre compradores en establecimientos de comercio electrónico de Latinoamérica –un segmento de consumidores más sofisticado que la población en general– las transacciones en efectivo continúan siendo la forma de pago preferida entre los mexicanos, los colombianos y los argentinos. Como estos datos nos indican a toda voz, cuando se trata de pagos, el uso de efectivo sigue estando muy arraigado en América Latina, a pesar de los esfuerzos dirigidos a la inclusión financiera por parte de gobiernos, bancos, redes de tarjetas y compañías de tecnología financiera (fintech).

¿A qué se debe esto? La baja penetración de tarjetas de crédito en América Latina es bien sabida en la industria, ¿pero también se sabe qué tan pocos avances se han logrado? El Índice de Inclusión Financiera del Banco Mundial revela que, entre 2011 y 2017, la penetración de tarjetas de crédito creció tan sólo un 1% en promedio en los siete mercados principales de Latinoamérica, mientras que en Brasil y México registró un crecimiento negativo (véase la figura 3). Dicho de otra manera, la penetración de tarjetas de crédito en realidad ha disminuido en los dos principales mercados de la región.

En cuanto a las tarjetas de débito, la historia es otra. En la tabla de abajo vemos aumentos impresionantes en la penetración de tarjetas de débito en Brasil, Argentina, Chile y Perú, donde se alcanzó un aumento neto de 13 puntos porcentuales en promedio. Sin embargo, resulta interesante destacar que este aumento fue de menos de 1 punto porcentual entre 2014 y 2017. En otras palabras, el crecimiento en la penetración de tarjetas de débito en América Latina se ha estancado en los últimos años.

Lo que potencialmente podría ser más revelador que la penetración de tarjetas en América Latina es la utilización real de tarjetas (véanse las figuras 4a y 4b a continuación). Para nuestro deleite, el Índice de Inclusión Financiera del Banco Mundial nos dice que, en promedio, el 86% de los titulares de tarjetas de crédito latinoamericanos usaron su tarjeta para hacer una compra en el último año. Pero en el caso de las tarjetas de débito, esto es cierto para sólo el 58% de los titulares, lo que significa que el 42% han olvidado su tarjeta en algún cajón e inevitablemente han vuelto a hacer uso del efectivo para sus compras cotidianas.

Dos posibles explicaciones

Estos datos nos dicen que, a pesar de la pompa y circunstancia en torno a la inclusión financiera en América Latina, la emisión de tarjetas apenas ha crecido desde 2014. Algo que podría ser aún más inquietante es que más del 40% de los titulares de tarjetas simplemente no han usado su tarjeta en el último año.

Pero, ¿cómo puede ser esto? Casi todos los gobiernos de la región han facilitado un marco político de inclusión financiera. Tanto Visa como Mastercard han hecho compromisos para expandir el acceso a pagos electrónicos y los bancos han anunciado estrategias para incrementar su base de titulares de tarjetas. A pesar de esto, la inclusión financiera sigue siendo fugaz. Ante este hecho, uno o ambos de los siguientes supuestos deben ser verdaderos:

  1. Los esfuerzos del ecosistema dirigidos a hacer crecer la inclusión financiera no están funcionando.
  2. A las instituciones financieras de la región en realidad no les importa la inclusión financiera.

Como ya saben de sobra todos los participantes del sector de pagos latinoamericano, esta situación les ha dado paso a actores no bancarios que desean aprovechar la monumental oportunidad que ofrecen las compras minoristas pagadas en efectivo. Esto también ha dado lugar a que bancos centrales consideren la inclusión financiera desde un punto de vista más estructural. En última instancia, están emergiendo nuevas tecnologías que pretenden desafiar el predominio de las tarjetas de pago tradicionales y capturar más transacciones en efectivo. De éstas, las principales incluyen tarjetas de pago sin contacto, billeteras móviles, códigos QR y pagos en tiempo real.

Lo que seguirá al artículo de hoy es una serie de reflexiones que analizan esta creciente competencia, con base en la suposición de que los esfuerzos del ecosistema hacia la inclusión financiera no están funcionando y que estas nuevas tecnologías podrían ofrecer una solución. También veremos los esfuerzos que han hecho los gobiernos por entender qué cambios regulatorios pueden tener un impacto en la industria a corto plazo. Ejemplos de países fuera de la región nos servirán tanto de inspiración como de advertencia.

Por supuesto, es probable que la segunda hipótesis –que a las instituciones financieras de la región no les importa la inclusión financiera– también sea verdadera; los datos ciertamente apuntan hacia esto. Esto es desafortunado porque cuando la intención hablada difiere de la verdadera intención, los resultados siempre son decepcionantes. En cada uno de los artículos subsecuentes de nuestra serie, veremos evidencia de que este podría ser el caso y consideraremos las implicaciones de su veracidad.

Lo que esperamos lograr en nuestro análisis de esta “guerra contra el efectivo” es destacar las falsedades. En una industria llena de gente brillante e influyente, aumentar la inclusión financiera no debería ser algo tan difícil de lograr. Este análisis nos ayudará a predecir las tendencias que le están dando forma a la industria de pagos a corto plazo y a identificar quiénes podrían ser los posibles ganadores de esta batalla. Lo que está sobre la mesa es un gasto en efectivo que suma $1,7 miles de millones de dólares: un premio nada despreciable para quien realmente lo busque.

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